La 9na sinfonía de Ludwig Van Beethoven


 9na sinfonía de Beethoven

La sinfonía que fué escrita sin escucharse


La 9na sinfonía de Ludwig Van Beethoven es una de las sinfonías más icónicas de este, fué declarada patrimonio de la humanidad en 2002.


El 7 de mayo de 1824 se estrenó en el Kärntnertortheater de Viena, la novena sinfonía de Beethoven, una de las obras más conocidas y aclamadas del compositor y del mundo. Duró 6 años en componer esta sinfonía, la cual fué un encargo de la sociedad filarmónica de Londres en 1817 y la cual empezó al año siguiente, aún habiendo perdido el sentido del oído y compuso con su memoria musical y extraordinaria habilidad de lectura. Para esta se basó en el poema de Friedrich von Schiller al que se conoce como “oda a la alegría” el cual leyó en 1793 y desde ese entonces quiso musicalizarlo.

El compositor llevaba más de una década sin aparecer en escena, mismo tiempo que llevaba sordo a causa de una enfermedad inflamatoria en el intestino. Pocos querían perderse esta maravilla, ya que Beethoven necesitaba ayuda por su sordera, así que ayudaron con el papel de director de batuta y presentaron la última composición de Beethoven antes de su muerte.


La sinfonía, dividida en 4 tiempos, comenzó como algo que despierta, como un amanecer que pronto se convierte en algo majestuoso y potente, alternando la suavidad y la fuerza, sigue en el segundo tiempo una maravilla de cuerda y viento entrelazados con timbales, que te hace querer mover brazos y manos como un director de orquesta, con los ojos cerrados en medio de la habitación, abstraído y algo trastornado, porque esto es tan bueno que trastorna un poco, y continúa con la caricia para los oídos que supone el suave tercer movimiento, y luego estalla el cuarto, y en unos minutos escuchamos esa melodía que todos conocemos, la de ese himno que aún no se canta, levemente primero pero yendo hacia arriba, deteniéndose un momento y, entonces, el solo de barítono, el cuarteto de voces, el coro y silencio… los instrumentos vuelven a tomar las riendas de la orquesta hasta el solo con coro de tenor, y otra formidable ración instrumental que se detiene pero sabes que no termina y te da escalofríos, sabes lo que viene,¡esa explosión del coro al fin! tan hermosa que hizo salir a todos con carne de gallina. 


La sinfonía termina con una despedida fuerte y monumental que frena en seco y te deja con satisfacción, acabas de escuchar una de las mejores obras y compuesta por un hombre sordo..

Todo el escenario gritó y aplaudió, dando el honor y respeto que se merece esta obra y su autor, Beethoven, el cual, no pudo escuchar los aplausos.


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